viernes, 17 de abril de 2026

MONT BLANC CON ESQUÍS

 

ESQUÍ DE MONTAÑA: MONT BLANC

4 Y 5 DE ABRIL DE 2026

26 KM 2800 M D+

Después de haber estado tres días en el Monte Rosa y un día de descanso en Chamonix pensábamos que estábamos con un buen estado de aclimatación como para intentar subir al Mont Blanc con esquís.

El día anterior a la subida lo dedicamos al noble arte del cancaneo por las abarrotadas calles de Chamonix: paseítos, entrar en los dos millones de tiendas de montaña a echar un ojo, cervecitas, vinitos y tablas de quesos de la Savoie nos ayudaron a pasar un día que se amargaba un poco por el pellizco en la boca del estómago que provocaba pensar en los contratiempos que se podrían producir en la actividad de los dos días siguientes: grietas, fuertes pendientes, estado de la nieve, ¿habrá hielo en los pasos clave?...; lo que viene a ser un sinvivir por mucha cerveza que se le eche…  

Nos quedamos, por cierto, en un hotel que, aparte de estar muy céntrico, tener un aparcamiento público al lado (de pago, eso sí) y dar unos de los mejores croisants que he probado en mucho tiempo para desayunar, propiciaba la atmósfera de espera e incertidumbre en la que andábamos sumidos, pues desde la ventana del cuarto de baño se veía la ruta que seguiríamos al día siguiente. Además, en una de las veces que me levanté por la noche pude ver el desfile de focos en dirección a la cumbre, algo que me motivaba y conmovía a partes iguales… Hostias, ¡el nombre del hotel!, que se me olvidaba: hotel La Verticale, totalmente recomendable.

Llegó el día de autos. Nos levantamos tranquilamente, desayunamos y preparamos las mochilas. Fuimos al parquing y nos trasladamos en coche al aparcamiento de L’Aiguille du Midi (por supuesto, de pago). Compramos los billetes para subir al Plan de L’Aiguille y esperamos nuestro turno. Montamos en el teleférico, que subió como un reactor, de tal modo que antes de las diez de la mañana estábamos listos para salir.

La nieve estaba dura como el cemento y para empezar había que bajar por una media ladera helada hasta una hoya desde la que empezaríamos a subir. Después avanzamos hasta llegar a una arista, giramos a nuestra izquierda y continuamos por el filo. A los 2500 m de altura iniciamos una travesía a derechas que a través de nieve polvo en la que no había huella nos llevó hasta los 2600, tras haber recorrido 3,5 km. Quitamos pieles y bajamos por una nieve muy trillada y dura hasta el glaciar de Bossons. 


Estamos acercándonos a la mítica La Jonction: ese laberinto de grietas por el que parece imposible pasar normalmente, pero que afortunadamente cogemos bastante tapado.

Nos encordamos y procuramos no salirnos de la huella, pero, ¿de cuál?, porque hay un montón de ellas y no sabemos la que nos llevará por el buen camino. Por suerte, salimos del lance sin ningún contratiempo. Para hacerse una idea, decir que este pasaje tiene una distancia de un kilómetro, más o menos, en el que ni se pierde ni se gana altura.



Otra cosa, antes de continuar: a toro pasado, nos hemos dado cuenta que la mejor opción para llegar al glaciar de Bossons hubiera sido haber bajado desde el Plan de L’Aiguille hasta los 2200m y haber pasado el glaciar de Pélerins por debajo de su morrena, para después haber ido ganando altura progresivamente hasta llegar al glaciar de Bossons. Este camino es mucho más sencillo y menos expuesto que el que nosotros hemos traído. ¡Ah, y lo mismo para la vuelta!

Seguimos. Parece que las grietas han desparecido, así que cuerda a la mochila, a la de Manolete me refiero, por supuesto, es lo que tiene estar como el vinagre. Para llegar el refugio nos armamos de paciencia para superar 600 metros de desnivel en menos de dos kilómetros. Al menos, encontramos buena huella hecha.

Al llegar bajo el refugio dejamos los esquís y subimos escalando ayudados de una ferrata.

El refugio de Grands Mullets es muy acogedor y mantiene la esencia de los viejos refugios de montaña. Aparte de la sala de material, tiene un salón, lleno de fotos, libros y banderas, desde el que se accede a un balcón volado sobre el caos de grietas del glaciar de Bossons, tras el que está el wc, que no es más que una caseta de madera con dos orificios que caen al glaciar, después se bajan unas escaleras que llevan a una terraza que da a la otra parte del glaciar. Tomarse una cerveza aquí, al solecito, hablando de cualquier cosa, o sin hablar… hace que haya merecido la pena el viaje, y no me refiero el de haber subido aquí, sino a todo el viaje.

Tras unas cuantas cervecitas, deliciosas, que todo hay que decirlo, pues eran unas cervezas artesanas que hace el antiguo guarda del refugio, llegó la hora de la cena a la poco habitual hora de las seis de la tarde. Todo muy rico: queso de Savoya, una crema de no sé muy bien qué y cous-cous con carne, del que se podía repetir. Para que pasará todo nos pedimos media jarrita de vino.

Con todo, a las siete menos cuarto poco más había que hacer que acostarse, que a las 2:45 sonaría el despertador. Yo me acuesto antes que Manolete, y, según me cuenta (que luego habrá que comprobar si es verdad) me puse a roncar alcanzando unos decibelios cercanos a los de una moto de 49cc sin silenciador, tanto, que, según parece, mi vecino aporreaba las tablas de la litera por no aporrearme a mí. Insisto en que todo esto hay que ponerlo en cuarentena porque es la versión de Manolete y lo mismo todo se redujo a unas respiraciones un poco más fuertes de lo habitual…

Suena el despertador, me cago en to, y toca rematar la mochila y desayunar un poco. Toda la relajación y el asueto de ayer se empieza a transformar en zozobra: verás tú ahora con el pedazo de pendiente que hay ahí fuera, como la nieve esté helada y se me vaya el esquí en una vuelta María acabo en Chamonix, ¿salimos con cuchillas o sin ellas?, ¿nos ponemos los crampones de inicio?, no, eso no, que llegamos al Mont Blanc pasado mañana, y encima de noche, ¡Ufff!… Si solo bajar del refugio hasta donde están los esquís ya tiene un peluseo…

Nada, antes de las cuatro estamos bajando, con mucho cuidado de que no se nos vaya una chancla, hasta donde hemos dejado los esquís. Ponemos pieles y decidimos salir sin cuchillas. Hay buena huella, pero se intuye la gran pendiente que llevamos al lado. Yo estoy bastante nervioso y me resbalo varias veces en las vueltas María, Manolete me intenta tranquilizar diciéndome que la nieve está blanda y que si me caigo me quedaré en el mismo sitio prácticamente. Ponemos cuchillas y todo empieza a ir un poco mejor. Llegamos al Petit Plateau y la pendiente nos da una pequeña tregua. Otro arreón y empieza a clarear, con lo que lo que las cosas empiezan a tomar otro color.

Ya estamos en el Gran Plateau: una imponente superficie de hielo y nieve que se cierra por la descomunal cara norte del Mont Blanc. Nosotros iremos derivando nuestros pasos hacia la derecha buscando un punto débil por el que salir en dirección al refugio de Vallot.

Bajo la vertical del refugio dejamos los esquís y nos ponemos los crampones. La construcción aparece defendida por un “gran foso de hielo”. Por suerte para nosotros hay un pequeño paso, de nieve por el que podremos avanzar.

Una vez dejado el refugio atrás tenemos delante la famosa arista de Les Bosses. Para llegar a la primera joroba tenemos que cruzar un pasaje helado. Después el camino se vuelve confuso y nosotros seguimos dejando la arista a nuestra derecha hasta que el precipicio nos corta el paso, vuelta para atrás. Vemos que la única opción que hay es saltar la rimaya y subir por un estrecho, empinado y corto corredor. Arriba de la primera joroba. Seguimos más o menos por el filo de la arista y sin más problemas dejamos atrás Les Bosses.

Estamos a 4600m cuando encontramos una placa de hielo que nos corta el paso: se podría subir, pero bajar por allí después sería complicado. Hay gente que rodea por la izquierda, pero yo no me quiero ni asomar, así que para abajo.

Llegamos a Vallot y cogemos los esquís. Al menos, la decepción de no haber hecho la cumbre se vio recompensada por una esquiada memorable, de 4300m a 2600m en menos de siete kilómetros por una nieve muy buena la mayor parte del tiempo. Después, otra vez a cruzar La Jonction y desandar el camino de ayer, que, insisto, es mucho mejor hacerlo por la zona que indiqué al principio.

Espero que os haya gustado.


DATOS PRÁCTICOS:

DÍA 1: PLAN DE L’AIGUILLE-REFUGE DES GRANDS MULLETS

DISTANCIA: 8KM

TIEMPO: 5H

DESNIVEL: 1000 M

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DÍA 2: REFUGE DES GRANDS MULLETS- MONT BLANC COTA 4600M - PLAN DE L’AIGUILLE

DISTANCIA: 18 KM

TIEMPO: 12 H

DESNIVEL: 1800 M

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sábado, 28 de marzo de 2026

ALTA RUTA ORDESA GAVARNIE

                                         ESQUÍ DE MONTAÑA:

ALTA RUTA ORDESA-GAVARNIE

19, 20 Y 21 DE MARZO DE 2026


Esta es una de las grandes clásicas del Pirineo para hacer con esquís de travesía.

Nosotros vimos que había buenas condiciones meteorológicas y nivológicas y nos decidimos a hacerla, como aquel que dice, de un día para otro. Así que salimos de Ronda, Manolete y yo a eso de las 21:30 del día 18 de marzo y a las tres de la tarde del día siguiente ya estábamos en el aparcamiento de la pradera de Ordesa dispuestos a comenzar la ruta, después de haber parado a dormir unas seis horas.

Decidimos entrar por la pradera porque no habíamos andado nunca con los esquís por el cañón de Ordesa y la ocasión bien lo merecía. De modo que dispusimos la travesía en tres etapas:

1.      DE LA PRADERA DE ORDESA AL REFUGIO DE GÓRIZ.

2.      DEL REFUGIO DE GÓRIZ A GAVARNIE, HACIENDO CUMBRE EN EL TAILLÓN.

3.      DE GAVERNIE A LA PRADERA DE ORDESA.

En cuanto a la logística, decir que hay que tener en cuenta que hay que reservar en refugio de Góriz y que en Gavarnie nos quedamos en el Hôtel des Cimes, que es un hotel que no está mal y tiene la gran ventaja de que dejan el desayuno para que tú te lo calientes si vas a salir muy temprano.

Si hablamos de números:

DISTANCIA: 57 KM

DESNIVEL: 4100 M

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Y ahora voy a detallar un poco cada etapa:

1.     DE LA PRADERA DE ORDESA AL REFUGIO DE GÓRIZ.


Ponemos los esquís en la mochila y echamos a andar en dirección al circo de Soaso. Tras cuatro kilómetros de marcha, ya en el bosque de hayas, nos ponemos los esquís y comenzamos a foquear.

Seguimos avanzando y pasamos al lado de las gradas de Soaso. El camino se estrecha y empina en esta zona.

Tras el repechón, salimos al gran llano que forma el impresionante circo de Soaso. Todo el rato hemos ido paralelos al río Arazas. Continuamos hasta el fondo del valle para pasar al lado de la mítica Cola de Caballo. En este punto cruzamos el río a través de un puente metálico y nos dirigimos hacia el punto más débil de los cortados, que es donde se encuentran las clavijas de Soaso.

Esquís a la mochila y trepar un poquito ayudados de las clavijas y sobre todo de las cadenas que hay. Tras superar el paso volvemos a foquear y tras un par de viras empinadas llegamos al gran llano en el que está el refugio.

En el último tramo hemos tenido a la niebla de compañera.

En el refu hemos cenado muy bien: macarrones con salsa boloñesa y longaniza con patatas. Además, si quieres te puedes duchar con agua caliente.

DATOS PRÁCTICOS:

DISTANCIA: 11 KM

DESNIVEL: 1000 M

TIEMPO: 4 HORAS.

2H 30MIN CLAVIJAS

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2.      2. DEL REFUGIO DE GÓRIZ A GAVARNIE, HACIENDO CUMBRE EN EL TAILLÓN.


Después de haber descansado bien a las 8:00 estábamos sobre los esquís.

La nieve está muy dura por lo que salimos con cuchillas. Como a un kilómetro encontramos un tramo estrecho y expuesto, que hace que lo pasemos con crampones por precaución.

Llegamos, ya sin cuchillas, al collado del Descargador (2455m), bajamos un poco para ascender después al collado de Millaris (2499 m). Sin quitar pieles descendemos a través de una nieve bastante dura hasta la plana de Millaris. Con cuidadín se baja bien.

Ahora tomamos una marcada garganta que nos lleva en dirección a la brecha de Roland, hasta que a 2600m giramos a la izquierda para ir en busca de El Taillón. El calor es insoportable y hace que el avance sea muy lento.

Al ir saliendo del valle aparece una ligera brisa que hace la travesía algo más agradable. Llegamos así al pico Royo (3050 m). Vemos que en esta última parte la nieve se ha endurecido por lo que decidimos poner cuchillas para llegar a la cumbre de El Taillón (3145 m).

El descenso lo hacemos por el mismo sitio por el que hemos subido, encontrando nieves de muchas calidades, pero ninguna buena. A 2750 m terminamos y ponemos pieles para llegar a la brecha de Roland (2807m).

Disfrutamos del paisaje, comemos un poco y para abajo. La primera parte es muy empinada y está helada. Después mejora un poco la cosa, unas decenas de giros hasta ponernos sobre la vertical del refugio de Sarradets y luego una marcada hasta llegar al collado de Sarradets (2587 m)

Y aquí empieza la mítica bajada a Gavarnie de la que todo el mundo nos había hablado maravillas. La primera parte es muy empinada y la nieve se engancha un poco, pero se baja más o menos bien. Sin embargo, después llegaríamos a una insoportable nieve costra que no nos dejó hasta que llegamos a 1800m de altura. En este punto giramos a la derecha para seguir el cauce del río por su margen izquierda.

Y así, llegamos al fin de la nieve a 1600m de altura cuando nos quedaban unos tres kilómetros para Gavarnie.

Al llegar al pueblo, las cervecitas de rigor, ducha y cena en La Cantine, que hay que recuperar fuerzas para mañana, que es el día más duro.

DATOS PRÁCTICOS:

DISTANCIA: 20 KM

DESNIVEL: 1200 M

TIEMPO: 8 HORAS.

TAILLÓN 4H

BRECHA DE ROLANDO 5H

FIN DE LA NIEVE 7H

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3.     3.  DE GAVERNIE A LA PRADERA DE ORDESA.

Etapa más dura y técnica, que al final nos llevó más de doce horas hacerla, pues cuando llegamos al refugio de Góriz bajamos a la pradera.

Nos levantamos antes de las seis, desayunamos y a las siete menos cuarto estábamos andando.

La primera parte de la etapa la hacemos andando por una empinada vereda embutida en un bosque, hasta que después de una hora marcha salimos del bosque y encontramos nieve continua para progresar foqueando.

Tras unas empinadas rampas llegamos al llano en el que se enclava el refugio des Espuguettes. Para mi gusto uno de los sitios más bonitos, sino el más bonito, del Pirineo.

Toca ahora subir a la horquette d’Alan. La última parte es bastante empinada y la nieve está muy dura por lo que pasamos a crampones y piolet para recorrer los últimos metros.


Después, breve pero empinado descenso por nieve primavera antes de hacer una larga media ladera hasta los 2240m. A continuación, nos toca la dura subida hasta les deux Bournes (2420 m). Tras cruzar hacemos una media ladera hasta ponernos debajo del corredor de Tucarroya. Otra vez crampones y piolet y a subir hasta el refugio de Tucarroya (2667 m).

Por cierto, el refugio tiene mantas, ollas, gas, una estufa y leña.

Descendemos hasta la plana de Marboré y la cruzamos. Subimos la pesada morrena en busca del paso débil en la muralla que defiende el glaciar de monte Perdido. Nuevamente crampones y piolet para superar el paso.


Poco a poco nos vamos acercando foqueando al cuello de El Cilndro.  Al final la pendiente se agudiza y la nieve se endurece por lo que por cuarta vez en el día nos volvemos poner los crampones.

Desde el cuello de El Cilindro (3070 m) tendremos, ahora sí, una deliciosa esquiada a través de nieve primavera hasta el refugio de Góriz (2200 m) y después otros trescientos metros más hasta las clavijas de Soaso (1900m)


Para terminar el día, solo desandar el camino del primer día.


Llegué a la Pradera destrozado.

 

DATOS PRÁCTICOS:

DISTANCIA: 16 KM A GÓRIZ MÁS 11 A LA PRADERA

DESNIVEL: 2100 M

TIEMPO: 9 HORAS A GÓRIZ MÁS 3H 30MIN A LA PRADERA.

3H HORQUETTE D’ALAN

5H 30 MIN REFUGIO DE TUCARROYA

8H CUELLO DEL CILINDRO

9H GÓRIZ

12H 30MIN PRADERA

TRACK 1

TRACK 2