ESQUÍ DE MONTAÑA:
MONT BLANC
4 Y 5 DE ABRIL DE
2026
26 KM 2800 M D+
Después de haber estado tres días en el Monte Rosa y un día de descanso en Chamonix pensábamos que estábamos con un buen estado de aclimatación como para intentar subir al Mont Blanc con esquís.
El día anterior a la subida lo dedicamos al noble arte del
cancaneo por las abarrotadas calles de Chamonix: paseítos, entrar en los dos
millones de tiendas de montaña a echar un ojo, cervecitas, vinitos y tablas de
quesos de la Savoie nos ayudaron a pasar un día que se amargaba un poco por el
pellizco en la boca del estómago que provocaba pensar en los contratiempos que
se podrían producir en la actividad de los dos días siguientes: grietas, fuertes
pendientes, estado de la nieve, ¿habrá hielo en los pasos clave?...; lo que
viene a ser un sinvivir por mucha cerveza que se le eche…
Nos quedamos, por cierto, en un hotel que, aparte de estar
muy céntrico, tener un aparcamiento público al lado (de pago, eso sí) y dar
unos de los mejores croisants que he probado en mucho tiempo para desayunar,
propiciaba la atmósfera de espera e incertidumbre en la que andábamos sumidos,
pues desde la ventana del cuarto de baño se veía la ruta que seguiríamos al día
siguiente. Además, en una de las veces que me levanté por la noche pude ver el
desfile de focos en dirección a la cumbre, algo que me motivaba y conmovía a partes
iguales… Hostias, ¡el nombre del hotel!, que se me olvidaba: hotel La
Verticale, totalmente recomendable.
Llegó el día de autos. Nos levantamos tranquilamente, desayunamos y preparamos las mochilas. Fuimos al parquing y nos trasladamos en coche al aparcamiento de L’Aiguille du Midi (por supuesto, de pago). Compramos los billetes para subir al Plan de L’Aiguille y esperamos nuestro turno. Montamos en el teleférico, que subió como un reactor, de tal modo que antes de las diez de la mañana estábamos listos para salir.
La nieve estaba dura como el cemento y para empezar había que bajar por una media ladera helada hasta una hoya desde la que empezaríamos a subir. Después avanzamos hasta llegar a una arista, giramos a nuestra izquierda y continuamos por el filo. A los 2500 m de altura iniciamos una travesía a derechas que a través de nieve polvo en la que no había huella nos llevó hasta los 2600, tras haber recorrido 3,5 km. Quitamos pieles y bajamos por una nieve muy trillada y dura hasta el glaciar de Bossons.
Estamos acercándonos a la mítica La Jonction: ese laberinto de grietas por el que parece imposible pasar normalmente, pero que afortunadamente cogemos bastante tapado.
Nos encordamos y procuramos no salirnos de la huella, pero, ¿de cuál?, porque hay un montón de ellas y no sabemos la que nos llevará por el buen camino. Por suerte, salimos del lance sin ningún contratiempo. Para hacerse una idea, decir que este pasaje tiene una distancia de un kilómetro, más o menos, en el que ni se pierde ni se gana altura.
Otra cosa, antes de continuar: a toro pasado, nos hemos dado
cuenta que la mejor opción para llegar al glaciar de Bossons hubiera sido haber
bajado desde el Plan de L’Aiguille hasta los 2200m y haber pasado el glaciar de
Pélerins por debajo de su morrena, para después haber ido ganando altura progresivamente
hasta llegar al glaciar de Bossons. Este camino es mucho más sencillo y menos
expuesto que el que nosotros hemos traído. ¡Ah, y lo mismo para la vuelta!
Seguimos. Parece que las grietas han desparecido, así que cuerda a la mochila, a la de Manolete me refiero, por supuesto, es lo que tiene estar como el vinagre. Para llegar el refugio nos armamos de paciencia para superar 600 metros de desnivel en menos de dos kilómetros. Al menos, encontramos buena huella hecha.
Al llegar bajo el refugio dejamos los esquís y subimos escalando ayudados de una ferrata.
El refugio de Grands Mullets es muy acogedor y mantiene la esencia de los viejos refugios de montaña. Aparte de la sala de material, tiene un salón, lleno de fotos, libros y banderas, desde el que se accede a un balcón volado sobre el caos de grietas del glaciar de Bossons, tras el que está el wc, que no es más que una caseta de madera con dos orificios que caen al glaciar, después se bajan unas escaleras que llevan a una terraza que da a la otra parte del glaciar. Tomarse una cerveza aquí, al solecito, hablando de cualquier cosa, o sin hablar… hace que haya merecido la pena el viaje, y no me refiero el de haber subido aquí, sino a todo el viaje.
Tras unas cuantas cervecitas, deliciosas, que todo hay que
decirlo, pues eran unas cervezas artesanas que hace el antiguo guarda del
refugio, llegó la hora de la cena a la poco habitual hora de las seis de la
tarde. Todo muy rico: queso de Savoya, una crema de no sé muy bien qué y
cous-cous con carne, del que se podía repetir. Para que pasará todo nos pedimos
media jarrita de vino.
Con todo, a las siete menos cuarto poco más había que hacer
que acostarse, que a las 2:45 sonaría el despertador. Yo me acuesto antes que
Manolete, y, según me cuenta (que luego habrá que comprobar si es verdad) me
puse a roncar alcanzando unos decibelios cercanos a los de una moto de 49cc sin
silenciador, tanto, que, según parece, mi vecino aporreaba las tablas de la
litera por no aporrearme a mí. Insisto en que todo esto hay que ponerlo en
cuarentena porque es la versión de Manolete y lo mismo todo se redujo a unas
respiraciones un poco más fuertes de lo habitual…
Suena el despertador, me cago en to, y toca rematar la
mochila y desayunar un poco. Toda la relajación y el asueto de ayer se empieza
a transformar en zozobra: verás tú ahora con el pedazo de pendiente que hay ahí
fuera, como la nieve esté helada y se me vaya el esquí en una vuelta María
acabo en Chamonix, ¿salimos con cuchillas o sin ellas?, ¿nos ponemos los
crampones de inicio?, no, eso no, que llegamos al Mont Blanc pasado mañana, y
encima de noche, ¡Ufff!… Si solo bajar del refugio hasta donde están los esquís
ya tiene un peluseo…
Nada, antes de las cuatro estamos bajando, con mucho cuidado de que no se nos vaya una chancla, hasta donde hemos dejado los esquís. Ponemos pieles y decidimos salir sin cuchillas. Hay buena huella, pero se intuye la gran pendiente que llevamos al lado. Yo estoy bastante nervioso y me resbalo varias veces en las vueltas María, Manolete me intenta tranquilizar diciéndome que la nieve está blanda y que si me caigo me quedaré en el mismo sitio prácticamente. Ponemos cuchillas y todo empieza a ir un poco mejor. Llegamos al Petit Plateau y la pendiente nos da una pequeña tregua. Otro arreón y empieza a clarear, con lo que lo que las cosas empiezan a tomar otro color.
Ya estamos en el Gran Plateau: una imponente superficie de hielo y nieve que se cierra por la descomunal cara norte del Mont Blanc. Nosotros iremos derivando nuestros pasos hacia la derecha buscando un punto débil por el que salir en dirección al refugio de Vallot.
Bajo la vertical del refugio dejamos los esquís y nos ponemos los crampones. La construcción aparece defendida por un “gran foso de hielo”. Por suerte para nosotros hay un pequeño paso, de nieve por el que podremos avanzar.
Una vez dejado el refugio atrás tenemos delante la famosa arista de Les Bosses. Para llegar a la primera joroba tenemos que cruzar un pasaje helado. Después el camino se vuelve confuso y nosotros seguimos dejando la arista a nuestra derecha hasta que el precipicio nos corta el paso, vuelta para atrás. Vemos que la única opción que hay es saltar la rimaya y subir por un estrecho, empinado y corto corredor. Arriba de la primera joroba. Seguimos más o menos por el filo de la arista y sin más problemas dejamos atrás Les Bosses.
Estamos a 4600m cuando encontramos una placa de hielo que nos corta el paso: se podría subir, pero bajar por allí después sería complicado. Hay gente que rodea por la izquierda, pero yo no me quiero ni asomar, así que para abajo.
Llegamos a Vallot y cogemos los esquís. Al menos, la decepción de no haber hecho la cumbre se vio recompensada por una esquiada memorable, de 4300m a 2600m en menos de siete kilómetros por una nieve muy buena la mayor parte del tiempo. Después, otra vez a cruzar La Jonction y desandar el camino de ayer, que, insisto, es mucho mejor hacerlo por la zona que indiqué al principio.
Espero que os haya gustado.
DATOS PRÁCTICOS:
DÍA 1: PLAN DE L’AIGUILLE-REFUGE
DES GRANDS MULLETS
DISTANCIA: 8KM
TIEMPO: 5H
DESNIVEL: 1000 M
DÍA 2: REFUGE DES GRANDS MULLETS- MONT BLANC COTA
4600M - PLAN DE L’AIGUILLE
DISTANCIA: 18 KM
TIEMPO: 12 H
DESNIVEL: 1800 M





















