viernes, 24 de abril de 2026

PUNTA DUFOUR CON ESQUÍS

                                             ESQUÍ DE MONTAÑA:

PUNTA DUFOUR

2,3 Y 4 DE ABRIL DE 2026

48 km 4200 m D+

La punta Dufour fue el primer objetivo en nuestro viaje a Los Alpes de este año.

Antes de entrar en faena, os cuento un poco la logística que hemos necesitado: hemos volado a Milán, allí hemos alquilado un coche y nos hemos trasladado a Gressoney-La Trinité, donde nos hemos alojado en un hotel con la cena incluida, en realidad el hotel estaba en Staffal, que es de donde salen los teleféricos para el día siguiente; esta elección que nos ha venido muy bien pues en este sitio hay pocos sitios para cenar y si queréis hacerlo probablemente tendríais que bajar a Gressoney.

DÍA 1: DE LA PUNTA INDREN AL REFUGIO DE MONTE ROSA

Al lío: los teleféricos empiezan a las 8:45 y allí que estábamos nosotros para coger el primero. Cuesta 40€, por persona. En el trayecto se hace un primer trasbordo, después se sube al passo Salati, a continuación, nos ponemos los esquís y avanzamos un poco hasta coger otro teleférico que nos lleva a la punta Indren.

Salimos con las pieles puestas y descendemos un poco antes de abordar la empinada subida que nos lleva al refugio de Mantova (3441 m). Seguimos subiendo y al poco dejamos al lado al refugio Gnifetti (3614 m). Vamos a buen ritmo de momento, 1h 20 min. 


El viento empieza a arreciar y el frío que era soportable empieza a hacerse insoportable.

A 3700 m decidimos encordarnos. La altura empieza a hacer de la suyas y provoca que bajemos el ritmo. Justo antes de llegar al plateau encontramos un paso muy helado que hizo que pasase un ratillo no demasiado agradable.

En el plateau el viento no para y yo creo que la sensación térmica debía estar por debajo de los -25ºC. Yo llevaba toda la ropa puesta y no paraba de dar tiritones.

Llegamos al col de Lys (4250 m) en 4 horas y cuarto. Ahora tocaba hacer el paso a modo esquí y enrollar la cuerda. ¡Dios, qué frío! La operación no duró más allá de unos minutos, pero fue la muerte a pellizcos.

Empezamos la bajada con la incertidumbre de cómo encontraríamos las grietas. La nieve estaba buena. Bajamos pegados a la parte derecha del glaciar y llegamos a la zona más comprometida. Primero nos topamos con una grieta grande, para pasarla nos descalzamos los esquís y nos metimos dentro, con la esperanza, como así fue, de que la nieve que había dentro aguantara, salimos y nos encontramos con otra grieta, esta de tamaño catedral, giramos a la derecha por un estrecho pasillo que dejaba el vacío a nuestra izquierda. Manolete avanza un poco y ve que hay otra grieta, pequeña esta vez, que nos cierra el paso, deja correr los esquís y salta, llegando a un terreno que parece más seguro. Desde abajo me grita: “¡confía, que se pasa bien!”, “mi polla, en no cayéndote no hay problema…”, pero otra no queda, así que repito la operación de mi compañero y…otro fuera del pasito…

Dos días después, cuando volvimos a pasar por aquí nos dimos cuenta de que había una forma mejor de atravesar esta zona…

Seguimos avanzando a través de restos de hielo que evidenciaban un pequeño desprendimiento no muy antiguo. Después desaparecen las grietas casi por completo, al menos por nuestro camino, así que esquiamos relajadamente a través de una nieve estupenda.

En un momento paramos y miramos hacia la zona de antes y vemos un grupo de tres atravesándola, que por arte de birlibirloque se convirtió en dos…, no sabemos si el que faltaba se metió en la grieta o no.

La esquiada es una puta delicia con el Cervino de testigo. Y así, sin bajar la guardia, pero disfrutando como zagalillos llegamos al punto al punto (3200 m) en el que hay que abandonar el glaciar por la derecha para irnos en buscar el refugio de Monte Rosa.

Antes de terminar, ya venidos arriba, quise dar un saltito por encima de unas piedras e hice la croqueta.

Llegamos al refugio, que parece un hotel de lujo y a descansar lo que quedaba tarde hasta la cena. La cena, por cierto, muy rica: crema de verduras, ensalada y arroz con carne, del que se puede repetir. Ah, otra cosa, no hay agua potable y un litro de agua vale lo mismo que medio de cerveza, 9€, que cada uno elija la mejor forma de hidratarse, jejeje.

DATOS PRÁCTICOS:

DISTANCIA: 12 KM

TIEMPO: 6H

DESNIVEL: 1100 M

TRACK.

DÍA 2: REFUGIO DE MONTE ROSA – PUNTA DUFOUR (HASTA 4200M)- REFUGIO DE MONTE ROSA

Nos hemos levantado a las 4:45 para desayunar a las 5. ¿Quién narices tiene ganas de desayunar a esas horas? Hice el esfuerzo, sin embargo, y me tomé un par de trozos de queso y otros tantos de salchichón acompañados con un café.

Nos pusimos a preparar las cosas: trastes a la mochila, te pones los tirantes del pantalón, te pones el arnés y ese instante en el que estás perfectamente empaquetado siempre surge la misma pregunta: ¿y si ahora me da un apretón…? Uff, ¡qué vida más dura la del montañero…!

A las seis nos ponemos en marcha. El frío es terrible.

La dirección es la misma que ayer hasta que a 1 km te desvías a la izquierda. El camino es agradable, pues se alternan repechos pronunciados con descansos.

Hace un buen rato que no siento los dedos y eso que llevo un montón de ropa y los guantes gordos.

Vamos subiendo lentamente, no obstante, a medida que ganamos altura se me pone el corazón “a 200” y me empieza a doler la cabeza, con lo que a 4200m de altura hablo con Manolete y decido darme la vuelta, él seguirá hacia la arista cimera que tenemos a tiro de piedra.


La bajada no tiene mucho que reseñar, pues fui pegado a la huella de subida no fuese a acabar metido en una grieta. La nieve estaba muy trillada y difícil de esquiar.

Llego al refugio y arreglo el material. Al poco rato llega Manolete, que me cuenta que en la arista había mucho hielo, con pequeños pasillos de nieve, por los que no solo había que subir sino también bajar. Al final decidió bajarse.

El nivel de aclimatación que tengo es regular, así que vamos a ver cómo me encuentro mañana al volver al col de Lys, para decidir si seguimos con los planes de ir al Mont Blanc o cambiamos por otros más conservadores.

Hoy el refugio está hasta la bandera.

DATOS PRÁCTICOS:

DISTANCIA: 11 km

TIEMPO: 5h

DESNIVEL: 1300 m

TRACK.


DÍA 3: REFUGIO DE MONTE ROSA-PUNTA GNIFETTI (4550 m)-STAFFAL

Día de los potentes el de hoy.

Salimos del refugio a las 7:30. Hoy hace mucho menos frío que ayer, solo -5ºC.

Misma dirección que ayer, hasta que cuando llevamos un km, después de media hora de marcha, nos desviamos a la derecha para meternos en el glaciar.

Al principio no hay mucha pendiente hasta que llegamos al primer resalte con las primeras grietas. Nos encordamos y ponemos cuchillas, imitando a un grupo que va delante.

Subimos sin problemas y llegamos al primer plateau. Fuera cuchillas.


Llegamos al siguiente repecho, ya cerca de las grietas de anteayer. Tras un par de resbalones ponemos de nuevo cuchillas, hasta llegar al siguiente plateau, ya justo debajo de la zona de grietas.

Seguimos la huella de la gente que nos precede y llegamos al paso de la primera grieta grande, que es la primera del otro día, es decir hemos evitado el paso por la segunda grieta, la peor, de bajada. Nos volvemos a meter en la grieta descalzando los esquís y a salir lo más rápido posible.

Se acabó lo peor. Seguimos hasta el llano que tiene el col de Lys a la derecha y Zumsteim y Gnifetti a la izquierda. Nos dirigimos hacia ellos.

Yo voy bastante cansado y avanzamos despacio. Llegamos al collado que separa los dos picos y decidimos subir a la punta Gnifetti, encima de la que está el refugio más alto de Los Alpes, la cabaña Margarita.

Dejamos los esquís en la rimaya y subimos con crampones hasta la cumbre. La subida es fácil, pero expuesta a causa del hielo; no te puedes resbalar…

Cumbre en veinte minutos y para abajo.

Al llegar a los esquís llevamos ya seis horas y media de actividad.



Ahora bajamos hasta el llano de antes, a 4100 m. Buena bajada, por cierto.

Vuelta a poner pieles y a subir al col de Lys (4250 m). Al pasar por encima de algunas grietas mirabas hacia abajo y veías el azul infinito, que te ponía los pelos de punta.

Quitamos pieles y a pegarnos una bajadita hasta los 1800m. No está mal, jejeje.

Primero atravesamos el plateau en el que están todos los cuatro miles, que estaba lleno de peces. Para salir hay que pasar por un paso helado que está a la izquierda. Después hacia el refugio de Gnifetti, procurando no salirnos de la huella para evitar las grietas. A continuación, media ladera a derechas para pasar al lado de Mantova, dejándolo a nuestra izquierda.  Seguidamente vamos empalmando una serie de canalones empinados que nos llevan a un canuto lleno de bañeras, tras el que ya tenemos cerca las pistas de esquí.

Para rematar la jornada nos tocó poner pieles para superar los 100 m de desnivel que teníamos hasta el sitio donde nos dejó el primer teleférico hace dos días.

Y ya cinco kilómetros de bajada por las pistas de esquí para finalizar el día…


DATOS PRÁCTICOS:

DISTANCIA: 25 km

TIEMPO: 10 h

DESNIVEL: 1800 m

TRACK.











































viernes, 17 de abril de 2026

MONT BLANC CON ESQUÍS

 

ESQUÍ DE MONTAÑA: MONT BLANC

4 Y 5 DE ABRIL DE 2026

26 KM 2800 M D+

Después de haber estado tres días en el Monte Rosa y un día de descanso en Chamonix pensábamos que estábamos con un buen estado de aclimatación como para intentar subir al Mont Blanc con esquís.

El día anterior a la subida lo dedicamos al noble arte del cancaneo por las abarrotadas calles de Chamonix: paseítos, entrar en los dos millones de tiendas de montaña a echar un ojo, cervecitas, vinitos y tablas de quesos de la Savoie nos ayudaron a pasar un día que se amargaba un poco por el pellizco en la boca del estómago que provocaba pensar en los contratiempos que se podrían producir en la actividad de los dos días siguientes: grietas, fuertes pendientes, estado de la nieve, ¿habrá hielo en los pasos clave?...; lo que viene a ser un sinvivir por mucha cerveza que se le eche…  

Nos quedamos, por cierto, en un hotel que, aparte de estar muy céntrico, tener un aparcamiento público al lado (de pago, eso sí) y dar unos de los mejores croisants que he probado en mucho tiempo para desayunar, propiciaba la atmósfera de espera e incertidumbre en la que andábamos sumidos, pues desde la ventana del cuarto de baño se veía la ruta que seguiríamos al día siguiente. Además, en una de las veces que me levanté por la noche pude ver el desfile de focos en dirección a la cumbre, algo que me motivaba y conmovía a partes iguales… Hostias, ¡el nombre del hotel!, que se me olvidaba: hotel La Verticale, totalmente recomendable.

Llegó el día de autos. Nos levantamos tranquilamente, desayunamos y preparamos las mochilas. Fuimos al parquing y nos trasladamos en coche al aparcamiento de L’Aiguille du Midi (por supuesto, de pago). Compramos los billetes para subir al Plan de L’Aiguille y esperamos nuestro turno. Montamos en el teleférico, que subió como un reactor, de tal modo que antes de las diez de la mañana estábamos listos para salir.

La nieve estaba dura como el cemento y para empezar había que bajar por una media ladera helada hasta una hoya desde la que empezaríamos a subir. Después avanzamos hasta llegar a una arista, giramos a nuestra izquierda y continuamos por el filo. A los 2500 m de altura iniciamos una travesía a derechas que a través de nieve polvo en la que no había huella nos llevó hasta los 2600, tras haber recorrido 3,5 km. Quitamos pieles y bajamos por una nieve muy trillada y dura hasta el glaciar de Bossons. 


Estamos acercándonos a la mítica La Jonction: ese laberinto de grietas por el que parece imposible pasar normalmente, pero que afortunadamente cogemos bastante tapado.

Nos encordamos y procuramos no salirnos de la huella, pero, ¿de cuál?, porque hay un montón de ellas y no sabemos la que nos llevará por el buen camino. Por suerte, salimos del lance sin ningún contratiempo. Para hacerse una idea, decir que este pasaje tiene una distancia de un kilómetro, más o menos, en el que ni se pierde ni se gana altura.



Otra cosa, antes de continuar: a toro pasado, nos hemos dado cuenta que la mejor opción para llegar al glaciar de Bossons hubiera sido haber bajado desde el Plan de L’Aiguille hasta los 2200m y haber pasado el glaciar de Pélerins por debajo de su morrena, para después haber ido ganando altura progresivamente hasta llegar al glaciar de Bossons. Este camino es mucho más sencillo y menos expuesto que el que nosotros hemos traído. ¡Ah, y lo mismo para la vuelta!

Seguimos. Parece que las grietas han desparecido, así que cuerda a la mochila, a la de Manolete me refiero, por supuesto, es lo que tiene estar como el vinagre. Para llegar el refugio nos armamos de paciencia para superar 600 metros de desnivel en menos de dos kilómetros. Al menos, encontramos buena huella hecha.

Al llegar bajo el refugio dejamos los esquís y subimos escalando ayudados de una ferrata.

El refugio de Grands Mullets es muy acogedor y mantiene la esencia de los viejos refugios de montaña. Aparte de la sala de material, tiene un salón, lleno de fotos, libros y banderas, desde el que se accede a un balcón volado sobre el caos de grietas del glaciar de Bossons, tras el que está el wc, que no es más que una caseta de madera con dos orificios que caen al glaciar, después se bajan unas escaleras que llevan a una terraza que da a la otra parte del glaciar. Tomarse una cerveza aquí, al solecito, hablando de cualquier cosa, o sin hablar… hace que haya merecido la pena el viaje, y no me refiero el de haber subido aquí, sino a todo el viaje.

Tras unas cuantas cervecitas, deliciosas, que todo hay que decirlo, pues eran unas cervezas artesanas que hace el antiguo guarda del refugio, llegó la hora de la cena a la poco habitual hora de las seis de la tarde. Todo muy rico: queso de Savoya, una crema de no sé muy bien qué y cous-cous con carne, del que se podía repetir. Para que pasará todo nos pedimos media jarrita de vino.

Con todo, a las siete menos cuarto poco más había que hacer que acostarse, que a las 2:45 sonaría el despertador. Yo me acuesto antes que Manolete, y, según me cuenta (que luego habrá que comprobar si es verdad) me puse a roncar alcanzando unos decibelios cercanos a los de una moto de 49cc sin silenciador, tanto, que, según parece, mi vecino aporreaba las tablas de la litera por no aporrearme a mí. Insisto en que todo esto hay que ponerlo en cuarentena porque es la versión de Manolete y lo mismo todo se redujo a unas respiraciones un poco más fuertes de lo habitual…

Suena el despertador, me cago en to, y toca rematar la mochila y desayunar un poco. Toda la relajación y el asueto de ayer se empieza a transformar en zozobra: verás tú ahora con el pedazo de pendiente que hay ahí fuera, como la nieve esté helada y se me vaya el esquí en una vuelta María acabo en Chamonix, ¿salimos con cuchillas o sin ellas?, ¿nos ponemos los crampones de inicio?, no, eso no, que llegamos al Mont Blanc pasado mañana, y encima de noche, ¡Ufff!… Si solo bajar del refugio hasta donde están los esquís ya tiene un peluseo…

Nada, antes de las cuatro estamos bajando, con mucho cuidado de que no se nos vaya una chancla, hasta donde hemos dejado los esquís. Ponemos pieles y decidimos salir sin cuchillas. Hay buena huella, pero se intuye la gran pendiente que llevamos al lado. Yo estoy bastante nervioso y me resbalo varias veces en las vueltas María, Manolete me intenta tranquilizar diciéndome que la nieve está blanda y que si me caigo me quedaré en el mismo sitio prácticamente. Ponemos cuchillas y todo empieza a ir un poco mejor. Llegamos al Petit Plateau y la pendiente nos da una pequeña tregua. Otro arreón y empieza a clarear, con lo que lo que las cosas empiezan a tomar otro color.

Ya estamos en el Gran Plateau: una imponente superficie de hielo y nieve que se cierra por la descomunal cara norte del Mont Blanc. Nosotros iremos derivando nuestros pasos hacia la derecha buscando un punto débil por el que salir en dirección al refugio de Vallot.

Bajo la vertical del refugio dejamos los esquís y nos ponemos los crampones. La construcción aparece defendida por un “gran foso de hielo”. Por suerte para nosotros hay un pequeño paso, de nieve por el que podremos avanzar.

Una vez dejado el refugio atrás tenemos delante la famosa arista de Les Bosses. Para llegar a la primera joroba tenemos que cruzar un pasaje helado. Después el camino se vuelve confuso y nosotros seguimos dejando la arista a nuestra derecha hasta que el precipicio nos corta el paso, vuelta para atrás. Vemos que la única opción que hay es saltar la rimaya y subir por un estrecho, empinado y corto corredor. Arriba de la primera joroba. Seguimos más o menos por el filo de la arista y sin más problemas dejamos atrás Les Bosses.

Estamos a 4600m cuando encontramos una placa de hielo que nos corta el paso: se podría subir, pero bajar por allí después sería complicado. Hay gente que rodea por la izquierda, pero yo no me quiero ni asomar, así que para abajo.

Llegamos a Vallot y cogemos los esquís. Al menos, la decepción de no haber hecho la cumbre se vio recompensada por una esquiada memorable, de 4300m a 2600m en menos de siete kilómetros por una nieve muy buena la mayor parte del tiempo. Después, otra vez a cruzar La Jonction y desandar el camino de ayer, que, insisto, es mucho mejor hacerlo por la zona que indiqué al principio.

Espero que os haya gustado.


DATOS PRÁCTICOS:

DÍA 1: PLAN DE L’AIGUILLE-REFUGE DES GRANDS MULLETS

DISTANCIA: 8KM

TIEMPO: 5H

DESNIVEL: 1000 M

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DÍA 2: REFUGE DES GRANDS MULLETS- MONT BLANC COTA 4600M - PLAN DE L’AIGUILLE

DISTANCIA: 18 KM

TIEMPO: 12 H

DESNIVEL: 1800 M

TRACK